Grotescamente trazado con calavera y esqueleto,
el unico adorno de tan singular espectro
es una horrible diadema que a carnaval huele.
Sin espuelas ni latigo, es jinete de un jamelgo,
mal bicho apocaliptico y como él, fantasma,
que babea por los ollares igual que un epilectico.
Ambos cabalgan y se hunden a traves del espacio;
los cascos, inseguros, el infinito huellan.
El jinete esgrime un sable llameante
sobre muchedumbres anonimas que su caballo tritura
y asi va recorriendo, cual principe que su morada vigila,
un cementerio inmenso y helado, lugar ilimitado,
donde bajo fulgores de un sol palido y debilucho,
yacen los pueblos de la historia antigua y moderna.
¡Feliz Año!
Hace 5 horas

2 comentarios:
jajajaja muy buena dedicación ya sabes lo que pienso del jinete pálido...
Vaya... esto me recuerda que tengo que leer otro blog¡¡¡!!!
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